Respuesta corta: Los niños pequeños pegan porque las grandes emociones llegan años antes de que tengan las palabras y el autocontrol necesarios para gestionarlas. Pegar es una fase normal: las investigaciones que hacen un seguimiento de los niños desde la infancia muestran que la agresión física aumenta durante el segundo año y suele empezar a disminuir a partir de los 3 años aproximadamente. Los padres suelen recibir más golpes porque sois las personas más seguras y cercanas. Bloquea el golpe con calma, ponle nombre a la emoción, establece la norma («No te voy a dejar pegar») y muéstrale qué hacer en su lugar. Los cachetes o devolver el golpe suelen aumentar la agresividad.
Puntos clave
- Es una cuestión de desarrollo, no un defecto de carácter: los grandes estudios descubren que la mayoría de los niños pequeños muestran cierta agresión física, la cual aumenta en el segundo año y disminuye a partir de los 3 años aproximadamente.
- Eres el blanco porque eres un entorno seguro: los niños pequeños descargan su frustración con las personas en las que más confían y con las que pasan más tiempo.
- Bloquea, nombra, redirige: detén el golpe con suavidad pero con firmeza, pon la emoción en palabras y ofrece otra forma de expresarla.
- No devuelvas el golpe: la AAP afirma que los azotes suelen aumentar la agresividad y la ira en los niños.
- Previene siempre que puedas: el hambre, el cansancio y las transiciones son los mayores desencadenantes.
¿Por qué me pega mi hijo pequeño?
Porque siente algo con mucha intensidad y aún no tiene una mejor forma de demostrarlo. La AAP explica que los niños pequeños a menudo carecen del autocontrol necesario para gestionar la ira, por lo que pueden reaccionar pegando o mordiendo cuando se sienten frustrados. Las zonas del cerebro que frenan los impulsos se desarrollan lentamente durante los años preescolares, mientras que las emociones como la ira y la frustración están plenamente activas mucho antes.
Los motivos más comunes por los que un niño pequeño pega a uno de sus progenitores son:
- Frustración. Dijiste que no, se cayó una torre o un zapato no entra.
- Falta de palabras. Un niño de 1 o 2 años que no sabe decir «estoy enfadado» o «para» puede usar las manos en su lugar.
- Cansancio, hambre o sobreestimulación. La AAP señala estos factores como desencadenantes habituales de las rabietas.
- Poner a prueba la relación de causa y efecto. Una gran reacción por tu parte resulta fascinante, y los niños pequeños suelen repetir lo que obtiene respuesta.
- Entusiasmo o juego. A veces se trata de un juego brusco cuyos límites aún no se han aprendido.
- Grandes cambios. La llegada de un nuevo hermano, una mudanza o empezar la guardería pueden alterar a los niños pequeños durante un tiempo.
Los padres suelen llevarse la peor parte por un motivo sencillo: eres la persona con la que tu hijo se siente más seguro. Muchos niños pequeños se contienen en la guardería o con los abuelos y luego se desmoronan, a veces a base de puñetazos, en cuanto llegan a casa contigo.
¿Es normal que los niños pequeños peguen?
Sí. Pegar, dar patadas, empujar y morder forman parte del desarrollo normal de los niños pequeños. Un amplio estudio de Quebec dirigido por Richard Tremblay, que hizo un seguimiento de unas 570 familias desde que sus bebés tenían 5 meses, señala que a los 17 meses la mayoría de los niños se mostraban físicamente agresivos con sus hermanos, compañeros o adultos. Entre los 17, los 30 y los 42 meses, alrededor del 28 % de los niños mostraron poca o ninguna agresión física, cerca del 58 % mostró una agresión moderada que aumentó con el tiempo y aproximadamente un 14 % mostró niveles elevados.
Un estudio holandés con más de 2000 niños, publicado en Child Development en 2006, llegó al mismo resultado desde otra perspectiva: la agresión física aumentaba durante el segundo año de vida y disminuía a partir del tercer cumpleaños. Los investigadores suelen describir esto como una «curva de agresividad», con un punto máximo situado entre los 2 y los 4 años aproximadamente y un descenso a medida que los niños aprenden a hablar y adquieren autocontrol.
| Edad | Qué es lo habitual | Qué es lo que más ayuda |
|---|---|---|
| Alrededor de los 12 meses | Agarrar, manotear o tirar del pelo de vez en cuando, a menudo sin enfado | Retirar las manos con suavidad; decir «Toque suave» y mostrar cómo se hace |
| De 12 a 24 meses | Los golpes aumentan, a menudo por frustración o por los juguetes | Bloquear, poner nombre al sentimiento, redirigir; prevenir el hambre y el cansancio |
| De 2 a 3 años | A menudo el punto álgido; golpes durante las rabietas o los conflictos | Norma clara y tranquila; enseñar palabras y otras vías de salida; elogiar los momentos de tranquilidad |
| A partir de los 3 años | Suele disminuir a medida que aumentan el lenguaje y el autocontrol | Resolver problemas, pedir perdón, reparar el daño; breves tiempos fuera si es necesario |
El lenguaje juega un papel muy importante en esto. Los niños pequeños con un vocabulario más reducido disponen de menos herramientas para gestionar la frustración, lo cual explica en parte por qué los golpes tienden a remitir a medida que avanza el habla. Si también te interesa saber sobre el desarrollo del lenguaje, consulta cuántas palabras dice un niño a los 18 meses.
Lo que dice la investigación: el aumento y la disminución de la agresión física en la primera infancia es un patrón constante en amplios estudios longitudinales realizados en Canadá y los Países Bajos. Estos estudios se basan en los informes de los padres, y la edad exacta del pico varía según el estudio, por lo que conviene tomar con cautela cualquier cifra concreta (como «8 de cada 10 niños pegan a los 18 meses», que circula por internet). No hemos podido rastrear ese dato hasta ningún estudio principal.

¿Qué debo hacer cuando mi hijo pequeño me pega?
Detén el golpe con calma y de inmediato, y enseña qué hacer en su lugar. La AAP aconseja no ignorar los golpes e intervenir de forma inmediata manteniendo la calma, ya que los niños imitan la forma en que los adultos gestionan la ira. Esta es una secuencia sencilla que sigue dichas recomendaciones:
- Bloquea el golpe. Coge o sujeta con suavidad la mano de tu hijo, o retrocede para ponerte fuera de su alcance. Mantén la cara y la voz tranquilas.
- Expresa la norma de forma sencilla. «No te voy a dejar pegar. Pegar hace daño». Sé breve; las explicaciones largas no sirven de nada con un niño alterado.
- Pon nombre a la emoción. «Estás muy enfadado porque tenemos que irnos del parque». Nombrar el sentimiento ayuda a tu hijo a relacionar la emoción con las palabras.
- Ofrece otra alternativa. Pisar fuerte, apretar un cojín, decir «¡Cabreado!» o venir a buscar un abrazo. Muéstraselo, no te limites a decírselo.
- Mantén la postura. Si los golpes continúan, termina el juego con tranquilidad o lleva a tu hijo a un lugar más tranquilo hasta que se calme. La AAP sugiere los tiempos fuera únicamente como último recurso para esta edad.
- Reconecta después. Una vez que todo el mundo esté calmado, un abrazo y un rápido «Vamos a probar a usar las manos con suavidad» cierran el círculo. Después, elogia el siguiente toque suave que observes.
La constancia importa más que cualquier frase predefinida. Responder de la misma forma calmada cada vez es lo que enseña la norma. Si estás dudando entre aplicar un tiempo fuera o permanecer cerca de tu hijo, el artículo tiempo fuera frente a tiempo dentro analiza lo que dicen las evidencias sobre cada opción.

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¿Qué debo evitar cuando mi hijo pequeño pega?
Evita devolver el golpe, gritar o soltar largas peroratas. La AAP señala que los azotes suelen incrementar la agresividad y la ira en los niños, y su declaración de política sobre disciplina de 2018 concluyó que las estrategias severas —incluidos el castigo corporal, los gritos y la humillación— son mínimamente eficaces a corto plazo e ineficaces a largo plazo. Además, pegar a un niño para enseñarle a no pegar transmite un mensaje confuso.
- No intentes «enseñarle lo que se siente». Los niños pequeños aprenden de lo que haces, no de tus intenciones.
- No te rías ni lo conviertas en un juego. Una reacción efusiva y divertida puede hacer que repetir el golpe resulte más entretenido.
- No le exijas que pida perdón en plena rabieta. Espera a que tu hijo esté calmado; un niño pequeño puede ayudar a «arreglar las cosas» con una palmadita suave o un abrazo.
- No recurras al soborno. La AAP aconseja redirigir la atención sin ofrecer premios para conseguir que cese una conducta.

¿Cómo puedo prevenir los golpes antes de que se produzcan?
Identificando los patrones. La mayoría de los golpes ocurren en momentos previsibles, y anticiparse un poco ayuda muchísimo:
- Vigila el reloj. Planifica los recados para después de las siestas y los tentempiés, nunca justo antes.
- Avisa antes de las transiciones. Decir «Dos veces más en el tobogán y nos ponemos los zapatos» da tiempo a tu hijo para adaptarse.
- Enseña vocabulario emocional en los momentos de calma. Los libros, las canciones y poner nombre a tus propias emociones («Me siento frustrada, así que voy a respirar hondo») son de gran ayuda.
- Elogia las manos suaves. La AAP subraya que la disciplina funciona mejor como un hábito continuado que incluye fijarse en el buen comportamiento, no limitarse a reaccionar ante el malo.
- Cuídate tú también. Resulta mucho más fácil mantener la calma cuando estás descansada. Coge el relevo con otro adulto siempre que puedas.
Si los golpes comenzaron a raíz de un cambio importante, como la llegada de un nuevo hermano, la situación suele calmarse a medida que el niño se adapta. Nuestra guía sobre cómo preparar a un niño pequeño para la llegada de un nuevo bebé ofrece ideas para esa transición. Y si los golpes se concentran sobre todo durante las rabietas, ¿son normales las rabietas diarias? explica qué se considera dentro de la normalidad. Las mordeduras siguen un patrón similar y se abordan en cuando un niño pequeño muerde en la guardería.
Si tu hijo pega a un bebé o a un hermano menor, sepáralos de inmediato y mantén la distancia entre ellos hasta que el niño mayor se calme. No dejes nunca a un niño pequeño a solas con un recién nacido, ni siquiera un instante.
Consulta con el pediatra si:
- tu hijo muestra una agresividad inusual durante más de unas pocas semanas y no logras gestionarlo por ti misma
- provoca lesiones como marcas de mordiscos, hematomas o golpes en la cabeza a sí mismo o a los demás
- ataca a los adultos de forma habitual o en la guardería te han pedido que lo dejes en casa
- los golpes van acompañados de una pérdida de palabras o habilidades que ya dominaba, un vocabulario muy limitado o poco interés por las personas
- sientes que estás a punto de perder los nervios o te preocupa la seguridad de alguien
Pedir ayuda no es ningún fracaso. Los pediatras pueden derivar a las familias a programas de crianza respaldados por evidencias científicas.
Preguntas frecuentes
¿Por qué mi hijo me pega a mí y a nadie más?
Porque eres su persona segura. Los niños pequeños suelen reservarse sus emociones más intensas para el progenitor en el que más confían. Es agotador, pero por lo general significa que vuestro vínculo es fuerte, no débil.
Mi hijo me pega y se ríe. ¿Qué significa eso?
A menudo está poniendo a prueba tu reacción o sigue tratándolo como un juego. Mantén una postura neutral, bloquea el golpe, di «Pegar hace daño, no voy a dejar que lo hagas» y pasa a otra cosa sin montar un gran espectáculo.
¿A qué edad dejan de pegar?
Las investigaciones muestran que la agresión física suele empezar a disminuir a partir de los 3 años aproximadamente, a medida que mejoran el lenguaje y el autocontrol. Muchos niños siguen pegando de forma puntual a los 3 o 4 años, pero debería ser cada vez menos frecuente.
¿Mi hijo pega por algo que yo he hecho?
Casi siempre la respuesta es no. La gran mayoría de los niños pequeños pegan en algún momento. En lo que sí puedes influir es en la rapidez con la que aprenden otras alternativas, principalmente a través de respuestas tranquilas y constantes.
¿Debería aplicar el tiempo fuera a un niño de 1 año que pega?
Antes de los 2 años, el tiempo fuera suele carecer de sentido para el niño. Bloquear la acción, decir un «no se pega» breve y firme, y redirigir su atención hacia otra actividad suelen dar mejor resultado a esta edad.
Fuentes
- American Academy of Pediatrics, HealthyChildren.org. 10 Tips to Prevent Aggressive Behavior in Young Children. healthychildren.org
- American Academy of Pediatrics, HealthyChildren.org. What’s the Best Way to Discipline My Child? healthychildren.org
- American Academy of Pediatrics, HealthyChildren.org. Top Tips for Surviving Tantrums. healthychildren.org
- Sege RD, Siegel BS; AAP Council on Child Abuse and Neglect, Committee on Psychosocial Aspects of Child and Family Health (2018). Effective Discipline to Raise Healthy Children. Pediatrics. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
- Tremblay RE, Nagin DS, Séguin JR, et al. (2004). Physical aggression during early childhood: trajectories and predictors. Pediatrics. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
- Alink LRA, Mesman J, van Zeijl J, et al. (2006). The early childhood aggression curve: development of physical aggression in 10- to 50-month-old children. Child Development. doi.org






